La razón tambalea la despensa

Se lee “los hombres del paleolítico…consumían la mitad de lípidos que el americano medio y casi el triple de prótidos, mientras que la grasa mala (ácidos grasos saturados) era tres veces menor que el caso de sus descendientes y la mitad de lo que aconsejan los nutricionistas” en el texto Una Historia Mundial de la Mesa de Anthony Rowley.

Evolución humana y alimentación van de la mano, pero, al notar descripciones como la anterior, entendiendo que a partir del crecimiento del cerebro en los homínidos,  la anatomía se torna más exigente de nutrientes y proporciona aptitudes para variar las fuentes energéticas, comparar las dietas ancestrales con el desorden actual en el comer quizás nos lleve a preguntar ¿alimentar la razón (facultad de discurrir; RAE) nos ha conducido al caos nutricional presente?

El hombre ha transformado su entorno y, a partir de la manipulación de los elementos, ha logrado conseguir en su dieta una mayor variedad que hace posible la obtención de mayores valores proteicos y calóricos, pero los recolectores del ahora, cada vez más, hacen caso omiso a las propiedades alimenticias, tornando sus ojos a la caza de precios y a cubrir la necesidad inmediata hambre.

Cuadros estadísticos exponen un Estados Unidos con 30,6% de su población obesa, y un nada desdeñable, y en aumento, 12,6% en España, datos suministrados por la Dra. Mercedes Larrú, números que surgen como ironía ante una sapiencia que añora días de balanceadas dietas prehistóricas.

A esta pérdida instintiva del saber comer, surgen supuestos dietistas con la respuesta definitiva a una vida sana y además con la promesa de “delgado y esbelto”, ataviados con cuadros nutricionales, pesos exactos y medidas, incautos terminan en algunos casos, con daños irreversibles en su organismo; quizás la solución sea más simple de lo que imaginamos.

Si se toma en cuenta la opinión de distintos profesionales de la alimentación que aseguran lo ideal de una dieta mediterránea, es fácil notar el aprovechamiento de los recursos del entorno y frutos de temporada de esta zona del mundo, cosa más primitiva imposible, llenarnos de datos útiles que indiquen las estaciones y las producciones de ciertos rubros y el cómo consumirlos aprovechando todas las propiedades, de seguro no afectara al bolsillo y lo sano empezara a llegar a muchas vidas.

La respuesta a si las exigencias de nuestro cerebro nos han llevado a un desorden en nuestro consumo alimentario, no quedan dilucidadas completamente, pero parece claro que cada vez son más los que menos razonan en lo que consumen, tomando en cuenta trabajos de fulanos o si personajes relevantes del showbussines comen o no comen.

Del pasado sólo nos queda apreciar ese instinto que logra la envidia actual dietética, teniendo en cuenta entorno-producto-temporada, y de los que vivimos estos tiempos avisparnos y hacernos más exigentes, en nuestro caso, periodistas gastronómicos, recordando nuestra función social, facilitando a muchos, textos más allá de la figura “gourmet”, abocando a otros a retribuir a nuestros ancestros, con un pensar para alimentarse, que valió la pena el nutrir la razón.

Frederick Jiménez

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Banco de Alimentos de Madrid, de uno comen diez

Maite García, jefe de Aprovisionamiento del Banco de Alimentos de Madrid

En un poco transitado pasillo, un stand no ofrece elaboradas bandejas, no engalana portal con piernas de jamón, ni llama a degustar nada. El Banco de Alimentos de Madrid tenía, en medio de este festín de bocados, inversionistas, empresarios de la alimentación del XXVI Salón de Gourmets, un espacio para la reflexión, “siempre hay alguien más que pueda alimentarse con lo que sobra en esta clase de eventos” afirma Maite García, jefa del departamento de Aprovisionamiento de la organización.

En una España que desperdicia una media de 163kgr de alimentos por persona, se presenta esta abanderada, quien desde sus funciones organizativas, lleva a diario una tarea voluntaria que pocos hacen, solo por la satisfacción de saberse eslabón en una cadena de actividades que tienen como último fin, regalar sustento a miles de personas que no pueden costearse regularmente comidas.

¿Cuál es el principal objetivo del Banco de Alimentos de Madrid?

–       Trabajamos bajo la premisa de: No desperdiciar comida. Es increíble la cantidad de alimentos que se tiran a diario en esta ciudad, no solo en las casas, me refiero a grandes cantidades de comida en mercados, ante esta situación, tratamos en lo posible de aprovechar estas “sobras” y poder repartirlas entre los más necesitados.

¿Cómo hacen esa repartición?

–       Nosotros actuamos como un puente entre organizaciones benéficas y empresas que dan sus aportes, entonces, nos encargamos de buscar o recibir alimentos, no dañados, y desde nuestro almacén lo repartimos entre las diferentes fundaciones repartidas por todo Madrid.

No atendemos directamente a las personas que solicitan ayuda, lo que hacemos, es preguntarles donde viven y los ponemos en contacto con la fundación más cercana y que haga su petición con ellos.

¿Qué campañas o eventos realizan para la recolección de alimentos?

–       Pues hace poco tuvimos la colaboración de las Juventudes Socialistas de Chamberí, quienes se acercaron a nuestra sede y entregaron varias cajas llenas de alimentos, pero uno de los eventos con más éxito y que nos ha dado mayor satisfacción ha sido Operación Kilo, donde tratamos de recolectar aquellos productos que casi siempre nos faltan, por no tener excedentes en muchas empresas, como: arroz, leche, legumbres, harinas. Además conversamos con las personas tratando de sensibilizarlas sobre el tema del hambre en la humanidad, y por mi parte, trato de solicitarles muchas legumbres que rinden más, es que con un kilo de granos comen 10 personas.

¿Quiénes participan en la labor diaria de recibir los insumos, ordenarlos, las tareas de almacén?

–       Ahora somos 170 voluntarios y dos personas fijas que son un jefe de almacén y una secretaria, por mi parte todos los días desde las 9:00am, empiezo a llamar a los proveedores, ordeno la distribución, y contamos con varios voluntarios que se prestan para ayudarnos a recibir y ordenar las mercancías, siempre se rotan funciones, pero bajo nuestra supervisión, el jefe de almacén y yo.

¿Además de donativos de alimentos, existen otras fuentes de ingresos?

–       Si, también aceptamos donativos en efectivo por medio de una cuenta bancaria, pero últimamente ofrecemos a empresas que quieran cumplir labor social, el apadrinar calles dentro de nuestro almacén, es decir, las empresas pagan por un año o lo que deseen, un monto para que su nombre aparezca en alguno de nuestros estantes, y como constantemente somos visitados por medios de comunicación, instituciones y centros educativos, pues es buena manera de darse a conocer.

¿Cómo abordan a la comunidad o a empresarios para que se avoquen a colaborar con ustedes?

–       A las personas tratamos de hacerlas reflexionar sobre la necesidad de muchos, que se beneficiarían con poco, con aquello que algunas veces les sobra, claro, esto no quiere decir que nos traigan alimentos en mal estado, sino que existe una gran cantidad de personas que no tienen acceso constante a comidas, en esto los eventos públicos y los medios de comunicación han sido buenos compañeros. Por otro lado, a los empresarios de la alimentación les es más rentable, porque se ahorran la destrucción productos  caducados, y al donar se les entrega un certificado, lo cual es mejor para ambas partes, por el tema de impuestos y responsabilidad social, y nosotros tenemos más que repartir.

Frederick Jiménez

Sabor y salud en placas rosas del Himalaya

Placas de sal del Himalaya

Placas de sal del Himalaya

En el XXVI Salòn de Gourmets 2012, entre pastas, quesos y salsas, la gente de Il Pastaio, lanzó al mercado español las placas de sal del Himalaya, especiales para agregar un suave sabor salino a distintas preparaciones, sumando propiedades energéticas a los alimentos.

Son sales con más de 250 años de formación mineral, con una presión tectónica de grandes proporciones, que ha evitado el contacto con agentes tóxicos, siendo más sana que la sal común, por no poseer aditivos químicos que influyen negativamente en funciones corporales.

Con aproximadamente 500gr de peso, medidas de 8x8x2” y un rosa intenso, las cuadradas piezas puede usarse sobre parrillas u hornillas, al calentar, permite asar carnes sobre su superficie sin necesidad de adherir sal a estas. Es perfecta para servir cremas, frutas, carpaccios y puede curar las carnes de pescado, ideal para sashimi.

Aún sin precio estimado, depende de las cantidades que se desean comprar, los representantes de Il Pastaio, que llevan 17 años de experiencia en el mercado de pastas frescas y 3 años importando envasados italianos, al público español,  recomiendan comunicarse directamente con ellos o visitar sus sucursales en la Calle Ríos Rosas de Madrid y en el Mercado de San Miguel.

Frederick Jiménez